Cáncer de pulmón

Todo lo que necesitas saber

Cada año se diagnostican más de 29.000 nuevos casos de cáncer de pulmón en España. El 20% de los casos aparece en mujeres.

Más de 7.000 mujeres son diagnosticadas con cáncer de pulmón cada año y el número aumenta un 3,5% anualmente.

Es importante destacar que el cáncer de pulmón a pasado a ser el tercero más incidente en mujeres desde el año 2019, en probable relación con el aumento del consumo de tabaco en mujeres a partir de 1970. Esta tendencia se confirma para el año 2020.

Cuáles son los tratamientos del cáncer de pulmón. Tipos y toxicidad

QUÉ ES EL CÁNCER DE PULMÓN

Los tejidos del cuerpo humano están formados por millones de células de diferente tamaño y con distintas funciones. Cuando las células envejecen o sufren algún daño, mueren y son reemplazadas por otras nuevas. En algunas ocasiones, este proceso se descontrola.

Las células de nuestro organismo contienen material genético (ADN) que determina la forma en que cada célula crece, se divide y se relaciona con las demás.

Cuando este material se daña (y aparecen deleciones, mutaciones, etc) y el acúmulo de daño genético sobrepasa unos límites, estas células se transforman en células tumorales, que escapan de los mecanismos de control del sistema inmune, creciendo y extendiéndose de forma descontrolada invadiendo otros tejidos cercanos formando un tumor maligno o cáncer.

El cáncer de pulmón, por tanto, se produce cuando las células pulmonares se dividen sin control, dañando el tejido vecino e interfiriendo en la función normal del órgano.

Estas células malignas pueden extenderse a otros órganos, pero el origen sigue siendo el mismo y por tanto, la enfermedad sigue llamándose cáncer de pulmón.

EN EL MUNDO

El cáncer de pulmón es el tumor más frecuente en el mundo, con aproximadamente 2.093.000 nuevos casos al año, y el que presenta una mayor mortalidad global ya que el 18,4% de los fallecimientos suceden por cáncer.

Esta enfermedad se produce con mayor frecuencia en países industrializados, en el este y sur de Europa y en Norteamérica, y la edad de mayor frecuencia de aparición es a partir de los 55 años, manteniéndose hasta los 75 años, aunque pueden presentarse casos en pacientes más jóvenes.

En Estados Unidos, el cáncer de pulmón se ha convertido en el de mayor mortalidad en ambos sexos y provoca más fallecimientos que el cáncer de colon, mama y páncreas juntos. Esta tendencia parece estar reproduciéndose también en Europa, donde la mortalidad por cáncer de pulmón ha disminuido un 10% entre los hombres, pero ha registrado un peligroso aumento del 7% entre las mujeres.

MÁS DE 2 MILLONES DE NUEVOS CASOS AL AÑO

EN ESPAÑA

En España se diagnostican más de 29.000 casos al año, siendo más frecuente entre varones (segundo en frecuencia por detrás del cáncer de próstata).

No obstante, esta tendencia está cambiando debido principalmente al aumento del consumo de tabaco entre la población femenina en las últimas décadas, pasando de ser el cuarto tumor más diagnosticado en el año 2015, al tercero más incidente a partir del año 2019.

MÁS DE 29.000 NUEVOS CASOS AL AÑO

PRIMERA CAUSA DE MUERTE POR CÁNCER

En la actualidad, el cáncer de pulmón es el tercer tumor más frecuente entre los españoles.

El cáncer de pulmón representa el 21% de los fallecimientos por cáncer

La epidemia del tabaco en mujeres que ha provocado que las muertes por cáncer de pulmón entre el género femenino se hayan multiplicado por tres en los últimos 20 años. Mientras en 1996 las muertes por cáncer de pulmón en mujeres suponían sólo el 27% de las muertes que había por cáncer de mama, en 2016 ese porcentaje ya es el 71,3%.

La mortalidad en hombres crece a un ritmo inferior, con un incremento del 4,2% en tan solo una década (de 16.882 casos en 2006 a 17.598 casos en 2016).

El tabaquismo es la principal causa de cáncer de pulmón en mujeres en el mundo

CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO DEL CÁNCER DE PULMÓN

El tabaquismo (cigarrillo, pipa o puro) es la principal causa del cáncer de pulmón

Aproximadamente el 80-90% de los cánceres de pulmón van a producirse en fumadores o ex-fumadores. El riesgo de desarrollar este tumor se multiplica por 10-20 veces en fumadores respecto a los no fumadores, pero también existe riesgo en fumadores pasivos.

El descenso en el consumo de tabaco se acompaña de un descenso en la frecuencia, aunque hacen falta varios años (aproximadamente 15), para que el riesgo de un ex-fumador se equipare al de un no fumador.

Las mayores tasas de mortalidad en cáncer de pulmón se manifiestan siempre unos 20 años después de que se produzcan los mayores picos de consumo de tabaco, de ahí la importancia de realizar campañas de prevención sobre públicos específicos, en concreto, sobre la población más joven.

El cáncer de pulmón puede desarrollarse también en no fumadores, aunque suele presentarse con unas características especiales.

Existen otros factores de riesgo que también pueden favorecer el desarrollo del cáncer de pulmón:

  • Exposición a sustancias como el asbesto, el radón, el petróleo o el arsénico
  • Exposición a la radiación de forma habitual
  • Contaminación ambiental
  • Antecedentes familiares: la investigación empieza a indicar que los antecedentes familiares de cáncer de pulmón pueden multiplicar por cuatro el riesgo de padecerla
  • Enfermedades pulmonares: las personas con enfermedades pulmonares como la tuberculosis, la fibrosis pulmonar o la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) presentan un mayor riesgo
Qué es el cáncer de pulmón y cómo se diagnostica

SÍNTOMAS DEL CÁNCER DE PULMÓN

El cáncer de pulmón puede ser asintomático en etapas iniciales de la enfermedad, siendo habitual que cuando aparecen síntomas la enfermedad se encuentre ya en una situación avanzada.

Los síntomas del cáncer de pulmón pueden varían enormemente de una persona a otra:

  • Tos persistente
  • Dolor torácico, en el brazo o en el hombro, principalmente al respirar o toser
  • Esputos con sangre
  • Dificultad para respirar o ronquera
  • Infecciones pulmonares o bronquitis de repetición
  • Hinchazón del cuello y la cara
  • Bultos o masas en el cuello o en las fosas supraclaviculares
  • Fatiga o cansancio
  • Pérdida de apetito y de peso
  • Dolor óseo
  • Acropaquias (dedos en palillos de tambor)

Todos estos síntomas no son exclusivos del cáncer de pulmón, pero si aparecen es conveniente acudir al médico, sobre todo si el paciente es o ha sido fumador, para poder realizar un diagnóstico precoz y proporcionar el tratamiento más adecuado.

Cuando el cáncer de pulmón se extiende a otras localizaciones del cuerpo, la metástasis puede causar síntomas adicionales. Los lugares de diseminación más frecuentes son el hueso, el cerebro, el hígado y los ganglios linfáticos. La afectación de estos órganos puede ocasionar:

  • Dolor
  • Mareos
  • Convulsiones
  • Icterícia (coloración amarillenta de la piel y de los ojos)

TIPOLOGÍAS DE CÁNCER DE PULMÓN

Existen diferentes tipos de cáncer de pulmón según las células que lo originan. Para conocer a qué tipo nos estamos enfrentando es necesario llevar a cabo el diagnóstico histológico, es decir, el estudio de una porción de tejido al microscopio.
Contenido del acordeón
Muy relacionado con el consumo de tabaco, suele ser agresivo dada su tendencia a la rápida diseminación a otras partes del cuerpo. Tiende a presentar una mejor respuesta a la quimioterapia que otros tipos de cáncer de pulmón, aunque esta suele durar menor tiempo.

En general, de crecimiento más lento, puede ser difícil de detectar en fases iniciales.

Se subdivide a su vez en tres tipos:

  • Carcinoma escamoso o epidermoide
    Representa el 30% de los cánceres de pulmón. Era el tipo más común hace unas décadas, pero ha disminuido por los cambios en la composición del tabaco. Son de localización central, su crecimiento es relativamente lento y provoca necrosis y cavitación.
  • Adenocarcinoma
    Representa el 40% y su frecuencia ha aumentado en los últimos años, superando al subtipo epidermoide. Se localizan en zonas más periféricas de los pulmones, afectando especialmente a la pleura y/o a la pared torácica. Es el carcinoma que más afecta a los no-fumadores, aunque en la mayoría de los casos los afectados son fumadores o exfumadores.
  • Carcinoma de células grandes
    Representa el 10% restante. Se localizan cerca de la superficie del pulmón y acostumbran a desarrollarse de forma rápida.

DIAGNÓSTICO DEL CÁNCER DE PULMÓN

En una primera fase, es muy importante la elaboración de la historia clínica del paciente, donde se recogerá información sobre posibles enfermedades, el hábito tabáquico, la actividad laboral y la historia familiar; además del estado de salud actual y síntomas.

Dicha información, junto con su exploración física, ayudará a los especialistas a orientar el caso y poner en marcha los distintos procedimientos que permitirán alcanzar el diagnóstico.

DIAGNÓSTICO POR IMAGEN

Radiografía de tórax

Es el método más habitual y sencillo para obtener imágenes de los pulmones. Se suele realizar casi siempre en un primer momento y permite detectar zonas anormales que pueden indicar la presencia de un tumor. Para su obtención se emplea una fuente de radiación que permite conseguir una imagen estática que visualiza nódulos o manchas en el pulmón, cambios en el mediastino o derrames pleurales (acumulación de líquido)

TC torácica y abdomen superior

Utiliza haces radiológicos para generar imágenes (cortes) más precisas del pulmón. Permite obtener varias imágenes del órgano estudiado y por tanto una imagen más definida. En ocasiones se complementará el estudio con la administración de contraste (inyección endovenosa de una sustancia) para realzar determinadas estructuras del organismo

Broncoscopia

Consiste en la introducción un tubo fino y flexible con una cámara de video por la nariz o por la boca hasta los bronquios para examinar los pulmones y las vías respiratorias. Permite extraer muestras de tejido (biopsia) o células con aguja, cepillo o lavado que ayudan a confirmar el diagnóstico

Resonancia magnética (RM)

Se recomienda realizar una prueba de imagen cerebral, preferiblemente con RM, cuando los pacientes van a someterse a un tratamiento radical y en pacientes portadores de ciertas alteraciones moleculares (mutación de EGFR, translocación de ALK). Es la prueba de elección para el estudio del cerebro y la médula espinal cuando existe sospecha de metástasis a dicho nivel. En ocasiones puede ser necesario realizar una RM torácica para conocer la relación del tumor con los grandes vasos antes de la cirugía

Tomografía por emisión de positrones (PET-TC)

Tomografía en la que se inyecta glucosa radioactiva a través de la vena del paciente. Las células tumorales consumen glucosa a un ritmo mayor que los tejidos sanos, así que se puede conocer si existen células cancerosas al detectar mayor radioactividad en el tejido tumoral. Las imágenes de un PET no son tan precisas como las de un TC, por lo que se combinan ambas pruebas. Esta prueba proporciona información muy útil ya que no sólo permite estudiar el tumor primario sino además conocer la extensión de la enfermedad tanto a nivel locorregional como a distancia.

Gammagrafía ósea

Permite conocer si el tumor se ha extendido a los huesos. Para su realización es preciso inyectar un isótopo radioactivo que se fija al tejido óseo. Se realiza en aquellos pacientes con signos y/o síntomas de metástasis óseas como dolor

Análisis de muestras de tejidos y células

Citología de esputo

Se analizan las células obtenidas del moco expulsado con la tos para determinar la presencia de células tumorales

Punción-aspiración con aguja fina (PAAF)

Consiste en introducir una aguja fina unida a una jeringa por el tórax hasta el tejido pulmonar o un ganglio linfático y extraer células para examinarlas al microscopio.

Biopsia con aguja gruesa (BAG)

Se extrae una muestra total o parcial de tejido pulmonar que será examinada al microscopio. Existen diversos tipos de biopsias. Se decidirá realizar un tipo u otro según las circunstancias clínicas del paciente

Toracocentesis

Consiste en extraer líquido pleural por aspiración a través de la punción de la pared torácica. Permite obtener una muestra citológica para diagnóstico así como valorar la afectación pleural, lo que puede hacer cambiar la actitud terapéutica

Biopsia con ultrasonido endobronquial (EBUS)

Es una técnica que permite estadificar la enfermedad de cara a conocer la afectación ganglionar regional así como obtener muestra histológica para el diagnóstico del cáncer de pulmón. Consiste en acceder a la zona que se encuentra entre los pulmones y el corazón (mediastino), sin necesidad de realizar ninguna incisión, sino a través del broncoscopio. La sonda de ultrasonidos empleada proporciona imágenes en tiempo real que permiten al profesional sanitario obtener muestras para el posterior análisis

Mediastinoscopia y mediastinotomía

Se realiza una pequeña incisión cervical a través de la cual se introduce un aparato óptico (mediastinoscopio) hasta la parte media del tórax, que permite visualizar y analizar las estructuras superiores del mismo (especialmente los ganglios linfáticos)

Cirugía toracoscópica videoasistida (CTVA)

Con un número limitado de pequeñas incisiones, el videotoracoscopio permite explorar toda la cavidad torácica. Se pueden obtener biopsias del revestimiento de la cavidad torácica (pleura), nódulos pulmonares, masas mediastínicas y líquido pleural para fines diagnósticos

Otras pruebas diagnósticas

Pruebas de función respiratoria

Determinan la capacidad respiratoria del paciente y sirven para decidir y/o planificar el tratamiento de cirugía y/o radioterapia torácica

Ergo-espirometría en caso de que las anteriores salgan alteradas

estudia de forma no invasiva el sistema respiratorio y cardiovascular en condiciones de estrés físico, evaluando objetivamente el grado de limitación funcional. Sirve para conocer si un paciente es o no apto para la cirugía pulmonar

Las muestras de tejido (biopsias o citologías) obtenidas durante los procedimientos anteriormente descritos son analizadas por un médico patólogo para determinar si existen células tumorales y determinar el subtipo histológico. El patólogo será también el encargado de revisar el tumor y los ganglios linfáticos si el tumor ha sido resecado.

En ocasiones las muestras obtenidas para el diagnóstico son demasiado pequeñas o de mala calidad, por lo que puede ser necesario volver a repetir las pruebas para obtener un diagnóstico histológico correcto que permita ofrecer al paciente el mejor tratamiento disponible.

En la última década, gracias a los avances científicos, se han descubierto ciertas alteraciones genéticas responsables del desarrollo del cáncer de pulmón que sirven como factores predictivos de eficacia al tratamiento dirigido (o también llamado ‘terapia diana’, que se comenta en el apartado Tratamiento del cáncer de pulmón).

Actualmente, las guías recomiendan analizar de forma rutinaria a través de las muestra de tumor obtenidas preferiblemente por biopsia las alteraciones en EGFR, ALK, ROS-1 y BRAF.

Estos tipos de alteraciones moleculares son excluyentes entre sí en el mismo tumor y tienden a estar relacionadas con una serie de características clínicas, tal y como se puede ver en la siguiente tabla:

EFGR ALK ROS-1
Frecuencia
10%
2-7%
1-2%
Población a quien afecta
Mujeres
No fumadores
Asiáticas
Hombres jóvenes
No fumadores o fumadores ocasionales
Mujeres jóvenes
Características clínicas
Afectación del sistema nervioso central
Afectación de membranas serosas y del sistema nervioso central

Existen múltiples otras alteraciones moleculares que no suelen analizarse en el momento del diagnóstico de forma rutinaria. Ejemplos son: K-RAS, RET, MET, Her-2, NTRK.

Sin embargo, actualmente se están desarrollando plataformas genómicas de secuenciación masiva que permitirán disponer de un estudio molecular completo con el objetivo de personalizar el tratamiento oncológico de cada paciente.

ESTADÍOS DEL CÁNCER DE PULMÓN

El estadiaje de cualquier neoplasia permite conocer la extensión del cáncer de pulmón, por lo que es imprescindible para determinar el pronóstico del paciente y elegir el tratamiento más adecuado.

El cáncer de pulmón se describe en función del sistema TNM que tiene en cuenta:

  • el tamaño del tumor pulmonar (T)
  • la diseminación a los ganglios linfáticos (N)
  • la existencia o no de metástasis (M).
Contenido del acordeón

La clasificación del cáncer de pulmón de células pequeñas es muy sencilla, dividiéndose en:

Enfermedad limitada
El tumor afecta sólo a una parte del tórax (hemitórax), es decir, sólo a una parte del pulmón y a los ganglios linfáticos de la región próxima, que entrarían en un campo de radioterapia.

Enfermedad extensa
Cuando el tumor sobrepasa estos límites o ha llegado a otros órganos como el hueso, el cerebro, el hígado, las glándulas suprarrenales o a los ganglios linfáticos alejados de la zona del tumor.

La clasificación del cáncer de pulmón de células no pequeñas se basa en el sistema TNM (8ª edición), que agrupa las diferentes categorías en estadios:

Estadio 0
Solo se detectan células malignas en el revestimiento más interno del pulmón, el tumor no ha sobrepasado este revestimiento. Un tumor en estadio 0 también se denomina carcinoma in situ. El tumor no es un cáncer invasivo, sólo existe a nivel microscópico y puede extirparse mediante microcirugía.

Estadio IA
Las células cancerosas ya han sobrepasado el revestimiento más interno del pulmón hasta tejido pulmonar más profundo. El tumor se encuentra en una fase precoz, no supera los 3 centímetros (cm) de diámetro, está rodeado de tejido normal y no invade el bronquio. No se detectan células cancerosas en los ganglios linfáticos próximos.

Estadio IB
El tumor es de mayor tamaño o ha crecido más en profundidad, pero no se detectan células cancerosas en los ganglios linfáticos próximos. Tiene una de las características siguientes:

  • Supera los 3 cm de diámetro pero no los 4 cm
  • Ha invadido el bronquio principal
  • Ha atravesado el pulmón y llegado a la pleura (capa visceral)

Estadio IIA
Similar al estadio IB, pero el tumor supera los 4 cm pero no los 5 cm de diámetro. Tampoco se detectan células cancerosas en los ganglios linfáticos próximos. Puede invadir el bronquio principal o llegar hasta la pleural visceral.

Estadio IIB
El tumor tiene una de las características siguientes:

  • No se detectan células cancerosas en los ganglios linfáticos próximos, pero el tumor tiene alguna de las siguientes características: más de 5 cm de diámetro sin superar los 7 cm, invade la pared torácica, el nervio frénico, el pericardio (tejido que rodea el corazón) o presenta otros nódulos dentro del mismo lóbulo.
  • Se detectan células cancerosas en los ganglios linfáticos próximos (peribronquiales, hiliares), junto con una de las características de los estadios IA-IIA.

Estadio IIIA
El tumor tiene una de las características siguientes:

  • No se detectan células cancerosas en los ganglios linfáticos próximos, pero el tumor tiene alguna de las siguientes características: más de 7 cm de diámetro, invade el diafragma, el mediastino, el corazón y/o grandes vasos sanguíneos, la tráquea, el esófago, etc.
  • Se detectan células malignas en los ganglios linfáticos próximos a los pulmones y bronquios, así como en los ganglios ubicados entre los pulmones (mediastino), pero en el mismo lado del tórax que el tumor pulmonar.

Estadio IIIB
El tumor puede tener cualquier tamaño e invadir o no estructuras vecinas (como las del estadio IIB y IIIA). Se detectan células malignas en los ganglios linfáticos del mediastino y/o del lado opuesto del tórax del tumor pulmonar o en el cuello.

Estadio IIIC
El tumor supera los 5 cm de diámetro e invade estructuras vecinas (como las del estadio IIB y IIIA). Puede haber nódulos en otro lóbulo del mismo pulmón. Se detectan células malignas en los ganglios linfáticos del lado opuesto del tórax del tumor pulmonar o en el cuello.

En los estadios III la enfermedad se encuentra en una fase localmente avanzada.

Estadio IV
Puede haber nódulos en el pulmón contralateral o afectación de la pleural (IVA). O también lesiones (metástasis) en otras partes del organismo, como por ejemplo: cerebro, glándulas suprarrenales, hígado o hueso (IVB). La enfermedad se encuentra en fase metastásica.

TRATAMIENTO DEL CÁNCER DE PULMÓN

Hoy en día no se concibe un abordaje del diagnóstico y del tratamiento del cáncer de pulmón fuera del enfoque multidisciplinar de un Comité de Tumores, en el que diferentes especialistas trabajen de forma y conjunta y establezcan protocolos de actuación. Dentro de ese equipo médico que conforma el Comité multidiciplinar de Cáncer de Pulmón se cuenta con neumólogos, cirujanos torácicos, oncólogos médicos, oncólogos radioterápicos, radiólogos, anatomopatólogos y especialistas en medicina nuclear.

El tratamiento del cáncer de pulmón depende de varios factores:

  • El estadio en la que se encuentra la enfermedad en el momento del diagnóstico
  • El tipo histológico de tumor (de célula pequeña o no célula pequeña, principalmente)
  • Las características individuales de cada paciente: edad, otras patologías, estado nutricional, etc

Dentro del arsenal terapéutico del cáncer de pulmón encontramos cinco pilares básicos:

  • Cirugía: permite la extracción del cuerpo humano de aquel tejido afectado y sus ganglios linfáticos próximos
  • Radioterapia: destruye las células cancerosas mediante un haz de radiación externa
  • Quimioterapia: se administra en ciclos, generalmente de uno o dos días cada varias semanas
  • Terapia dirigida: se administra vía oral, generalmente de forma continua y sin descansos, dado a que provocan pocos efectos secundarios
  • Inmunoterapia: se administra cada 2, 3 o 4 semanas, dependiendo del fármaco

La cirugía y la radioterapia son consideradas terapias de abordaje local. Por el contrario, la quimioterapia, la terapia dirigida y la inmunoterapia constituyen tratamientos sistémicos, puesto que los fármacos se distribuyen por el organismo a través de la circulación sanguínea. Habitualmente, el tratamiento del cáncer de pulmón requiere de una combinación de varias de estas modalidades.

En el caso de que nos encontremos ante un estadio I y II de cáncer de pulmón no microcítico, es posible alcanzar una curación completa mediante la intervención quirúrgica. En los estadios IIIA, la cirugía es poco utilizada ya que suele existir afectación ganglionar regional que impide una resección óptima, por lo que es necesario complementarla o sustituirla con quimioterapia y radioterapia en combinación.

Los pacientes con tumores en estadio IIIB, IIIC y IV presentan una enfermedad demasiado extendida para ser curada. En estos casos, la quimioterapia y la radioterapia pueden ayudar a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente.

En la variante, menos frecuente, de cáncer de pulmón de células pequeñas, la cirugía apenas se emplea, ya que únicamente tiene utilidad si se diagnostica el tumor en sus primeras etapas. La radioterapia y la quimioterapia son la combinación adecuada para controlar los síntomas, reducir la propagación de este subtipo de cáncer y, en determinados casos, incluso alcanzar la curación.

  • CIRUGÍA
  • Quimioterapia
  • Radioterapia
  • Terapia dirigida
  • Inmunoterapia

A diferencia de otros tumores, el cáncer de pulmón presenta de entrada una limitación quirúrgica en su abordaje. No obstante, los avances diagnósticos y terapéuticos de las últimas décadas han hecho factible que cada vez más sea posible plantear una estrategia quirúrgica en función del estadio al diagnóstico, el tipo de tumor, su localización y las condiciones generales del paciente.

Simplificando, esta aproximación quirúrgica podría realizarse de tres formas:

  • Segmentectomía o resección en cuña
    Extirpando tan sólo un pequeño fragmento de pulmón, que contiene la lesión maligna. Esta técnica se lleva a cabo en estadios precoces del cáncer de pulmón de células no pequeñas.
  • Lobectomía
    Resección más amplia que extirpa el lóbulo pulmonar que alberga el tumor. Se utiliza cuando el cáncer no excede el lóbulo.
  • Neumonectomía
    La opción más radical y, en estos casos, se extrae todo el pulmón cuando el cáncer afecta a varios lóbulos.

Junto con el abordaje del tumor, debe realizarse una linfadenectomía o disección ganglionar sistemática, para en análisis de los ganglios linfáticos mediastínicos.

Cuando un paciente va a ser sometido a una intervención quirúrgica de cáncer de pulmón, con cualquiera de las tres técnicas explicadas anteriormente, es necesario practicar un estudio previo de la función pulmonar que nos permita conocer cuál va a ser el porcentaje aproximado de capacidad pulmonar que quedará una vez realizada la operación.

Una alternativa a la cirugía tradicional abierta, cada vez más extendida en los hospitales de nuestro medio, es el abordaje del tumor mediante toracoscopia, técnica menos invasiva que a través de pequeñas incisiones introduce un visor y el instrumental necesario para la extirpación del tejido afectado. Esta opción sólo puede valorarse en tumores no microcíticos diagnosticados en estadios muy precoces.

Como sucede con cualquier tipo de cirugía, en los días posteriores pueden aparecer complicaciones como la neumonía, hemorragia pulmonar, embolismo pulmonar, etc. En las últimas décadas se ha avanzado de manera espectacular en el período de recuperación tras una intervención de cáncer de pulmón. Algo que antes constituía un proceso largo y molesto, actualmente se ha convertido en una técnica quirúrgica de rápida recuperación salvo que surjan complicaciones inmediatas. No obstante, como regla general suele ser necesario el uso de analgésicos potentes para controlar el dolor y, en ocasiones, la colocación de un tubo de drenaje torácico durante unos días con el objetivo de drenar los líquidos acumulados en la cavidad pleural.

La rehabilitación respiratoria después de una cirugía torácica tiene como objetivo facilitar la eliminación de las secreciones, mejorar el intercambio gaseoso, aumentar la tolerancia al ejercicio y mejorar la calidad de vida. Los ejercicios respiratorios permiten reducir el esfuerzo que supone respirar durante la convalecencia, aumentando el aporte de oxígeno y potenciando la función respiratoria.

Existen técnicas pasivas, que son practicadas por un fisioterapeuta o un familiar adiestrado, y técnicas activas, realizadas por el enfermo sin la ayuda de otra persona, pudiendo utilizar instrumentos mecánicos:

  • Drenaje postural
    Consiste en adoptar diversas posiciones para favorecer la expulsión de las secreciones mediante la acción de la gravedad.
  • Ejercicios de expansión torácica
    Inspiraciones forzadas mantenidas con una breve apnea final; tras cada una se continúa con una espiración lenta.
  • Control de la respiración
    Períodos de respiración lenta con relajación de los músculos de la pared torácica y contracción del diafragma, intercalados entre técnicas más activas para permitir la recuperación y evitar el agotamiento.
  • Percusión torácica o clapping
    Golpeteo repetido con la mano hueca sobre distintas zonas del tórax para movilizar las secreciones. Se puede combinar con el drenaje postural para favorecer su eliminación posterior.
  • Vibración torácica
    Se aplican las manos o las puntas de los dedos sobre la pared torácica y, sin despegarlas, se genera una vibración durante la espiración. Se combina con la compresión y el drenaje postural.
  • Tos provocada y dirigida
    Cuando ha logrado despegar la mucosidad de los bronquios, se desencadena la tos y la expectoración.
  • Técnica de espiración forzada
    Consiste en repetir 3-4 respiraciones diafragmáticas, seguidas de 3-4 movimientos de expansión torácica (inspiración lenta y profunda con espiración pasiva), repitiendo de nuevo los ejercicios de respiración controlada y finalizando con 1-2 espiraciones forzadas.

Actualmente existen aparatos para facilitar estos ejercicios de espirometría incentivada que ayudan al paciente a realizar el máximo esfuerzo, comprobando visualmente cuando se alcanza la inspiración o espiración máxima.

Las técnicas de fisioterapia respiratoria suelen llevarse a cabo dos veces al día, antes del desayuno y la cena, especialmente en aquellas situaciones en las que existe un incremento de la secreción bronquial.

La quimioterapia consiste en la administración de fármacos muy potentes, también llamados citotóxicos, que frenan el crecimiento de las células tumorales, eliminandolas o impidiendo su división, crecimiento y diseminación a otros órganos.

La quimioterapia suele está indicada en el tratamiento de todas las fases del cáncer de pulmón de célula pequeña y en todas las fases, excepto en el estadio I, del cáncer de pulmón de célula no pequeña.

En el cáncer de pulmón no microcítico, la quimioterapia se usa en diferentes situaciones que describimos a continuación:

  • Tratamiento quimioterápico adyuvante
    Tras la realización de una cirugía radical con el objetivo de prevenir la recaída local y/o a distancia.
  • Tratamiento neoadyuvante o preoperatorio
    Antes de la cirugía o radioterapia con intención radical, para reducir el tamaño de la enfermedad en situaciones en que existen dudas de que sea posible operar o para facilitar técnicamente el tratamiento posterior.
  • Tratamiento combinado de quimioterapia y radioterapia (quimiorradioterapia)
    Se utiliza básicamente en situaciones de enfermedad localmente avanzada (estadios IIIA-IIIC).
  • Tratamiento quimioterápico paliativo
    Tratamiento sistémico en enfermedad metastásica (estadio IV), ya sea con fármacos citotóxicos. El objetivo es frenar la evolución de la enfermedad, retrasar la aparición de los síntomas debidos al cáncer o sus metástasis y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Como decíamos anteriormente, en el cáncer de célula pequeña el tratamiento de elección es la quimioterapia en todos los estadios; en enfermedad limitada se utiliza de forma combinada o secuencial con la radioterapia torácica. Se puede plantear en estos casos la radioterapia holocraneal profiláctica. En el caso de la enfermedad metastásica, el tratamiento es la quimioterapia con intención paliativa.

Existen múltiples fármacos quimioterápicos utilizados solos o en combinación para el tratamiento de los diferentes tipos de cáncer de pulmón. Los más utilizados son los derivados del platino (cisplatino y carboplatino), que son la base siempre de las combinaciones. Estos fármacos se asocian con los taxanos (paclixatel y docexatel), la vinorelbina, la gemcitabina, el etopósido o el pemetrexed, en función de diferentes características del tumor y del paciente. La mayoría de estos fármacos se administran vía intravenosa, aunque algunos también puede darse por vía oral. 

El tratamiento con quimioterapia ha estado clásicamente asociado de la aparición de ciertos efectos secundarios. Entre los más comunes encontramos las náuseas y vómitos, diarrea o estreñimiento, aftas orales, cambio en la percepción del sabor de los alimentos, caída del cabello, lesiones de la piel, fatiga, etc.

En los últimos años se han desarrollado numerosos fármacos de soporte para contrarrestar todos estos efectos no deseados de la quimioterapia, lo que ha hecho que el tratamiento con quimioterapia pueda ser administrado de una forma más llevadera para el paciente sin restar eficacia.

La radioterapia es un tipo de tratamiento que utiliza los rayos X de alta energía u otros tipos de ondas energéticas para destruir células cancerosas o evitar que éstas se multipliquen. Una vez completado el diagnóstico por imagen, mediante TC o PET-TC, y la confirmación histológica del tipo de tumor por biopsia, la radioterapia puede ser una modalidad terapéutica adecuada para su tratamiento en el caso de encontrarnos ante un estadio localizado no abordable por cirugía.

La radioterapia puede administrarse después de la cirugía, como tratamiento adyuvante complementario, o en combinación con la quimioterapia para tratar el cáncer de pulmón (radioterapia con intención curativa o radical, respectivamente). También puede administrarse para controlar los síntomas locales y reducir la propagación del cáncer (radioterapia paliativa).

Como norma general, la duración de los tratamientos de radioterapia puede oscilar entre 1 y 5 semanas, realizándose durante todos los días (o usualmente de lunes a viernes) y con sesiones que suelen durar alrededor de diez a veinte minutos, en las que hay que mantener siempre la misma posición.

En el cáncer de pulmón de célula no pequeña, recurrimos a la radioterapia cuando no es posible realizar la cirugía porque el tumor resulta inoperable, por el elevado riesgo que supondría para el paciente o como tratamiento de algunas metástasis en casos muy seleccionados. En estos casos, lo más habitual es que se combine con quimioterapia. En los carcinomas de célula pequeña, como dijimos en apartados anteriores, se utiliza en combinación con la quimioterapia para el tratamiento de enfermedad localizada. Además, es uno de los pocos tumores en que la irradiación de todo el cerebro está indicada en la prevención de las metástasis cerebrales.

Las personas que reciben un tratamiento con radioterapia a nivel torácico pueden sufrir irritación local, principalmente en el esófago, la tráquea y bronquios y el pulmón (las zonas englobadas en el área de irradiación). Esto puede conllevar síntomas tales como dolor torácico, dolor al deglutir los alimentos, tos, expectoración con algo de sangre y cansancio. También es muy frecuente que aparezcan reacciones en la piel, así como pérdida de pelo en la zona radiada. Estos síntomas irán remitiendo tras finalizar el tratamiento.

A continuación, apuntamos a los pacientes y familiares una serie de recomendaciones que permite aliviar los efectos secundarios de la radioterapia:

  • Evitar el tabaco, las bebidas alcohólicas, el café y los ambientes con mucha contaminación atmosférica.
  • Tomar líquidos y alimentos blandos, no excesivamente fríos ni calientes.
  • Cuidar la piel, hidratándola después de cada sesión de radioterapia (nunca antes). Los equipos de Enfermería de las unidades de Oncología Radioterápica les explicarán detalladamente las cremas y los preparados más adecuados para ellos.
  • Utilizar ropa cómoda y poco ajustada evita roces con el área irradiada.
  • Evitar al máximo la exposición solar.
  • Para mejorar la sensación de dificultad para respirar (disnea) es mejor permanecer sentado, que el paciente esté acompañado en todo momento y que se encuentre relajado. Se recomienda mantener un ambiente tranquilo, ventilado y con cierto grado de humedad. Son beneficiosos los ejercicios respiratorios, de drenaje o clapping para favorecer la expulsión de las secreciones bronquiales y las técnicas de relajación.
  • La tos es un síntoma muy frecuente que puede tratarse con medicamentos antitusígenos. También pueden evitarse las causas externas que la provoquen (olores), humidificar el ambiente, fisioterapia respiratoria y medidas posturales.
  • En la medida de lo posible, la práctica de ejercicio y actividad conforme a la capacidad física del paciente.
  • La mejora en la calidad del sueño suele ayudar a reducir la debilidad y el cansancio (astenia).

La terapia dirigida es un tipo de tratamiento para el que se utilizan medicamentos capaces de atacar específicamente las células cancerosas mediante mecanismos muy concretos. 

Las terapias dirigidas difieren de la quimioterapia en varias formas:

  • Actúan en blancos moleculares específicos (dianas) que están asociados con el cáncer, mientras que la mayoría de las quimioterapias tradicionales actúan en todas las células que se dividen con rapidez (tanto las sanas como las cancerígenas).
  • Son con frecuencia citostáticas, bloqueando la proliferación de las células tumorales, mientras que las sustancias ordinarias de quimioterapia son citotóxicas y destruyen células tumorales.
  • Debido a su especificidad, las terapias dirigidas causan menos daño a las células normales que la quimioterapia o la radioterapia.

La terapia con anticuerpos monoclonales y los inhibidores de la tirosina cinasa son los dos tipos principales de terapias dirigidas que se usan para tratar el cáncer de pulmón de células no pequeñas.

La terapia con anticuerpos monoclonales se basa en la producción de anticuerpos en el laboratorio a partir de un tipo de célula inmune. Estos anticuerpos son capaces de identificar receptores en células tumorales o en las sustancias normales de la sangre y de los tejidos que contribuyen al crecimiento de las células del tumor. Los anticuerpos se adhieren a estos receptores y destruyen las células cancerígenas, bloqueando su crecimiento o impidiendo que se extiendan. Los anticuerpos monoclonales se administran por vía intravenosa.

Los anticuerpos monoclonales que se usan para tratar el cáncer de pulmón de células no pequeñas son bevacizumab. Bevacizumab se une con el factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF) en la sangre y los tejidos y puede prevenir el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos que los tumores necesitan para crecer. 

Los inhibidores de la tirosina cinasa actúan dentro de las células cancerígenas para bloquear las señales que los tumores necesitan para crecer. Los inhibidores de la tirosina cinasa para tratar el cáncer de pulmón de células no pequeñas son los siguientes:

  • de EGFR: erlotinib, gefitinib, afatinib, dacomitinib y osimertinib.
  • de ALK y ROS-1: crizotinib, ceritinib, alectinib, brigatinib, lorlatinib.
  • de BRAF: dabrafenib-trametinib.

Es importante recalcar que algunos de estos medicamentos están aprobados sólo para un determinado tipo de paciente, ya sea por las características clínicas, por la presencia de marcador molecular o en segundas o terceras líneas de tratamiento, y que pueden encontrarse en fase de ensayo para las diferentes indicaciones.

Tal y como se ha mencionado en el apartado de Diagnóstico, existen otras dianas moleculares que no se analizan de forma rutinaria, y para las que están en marcha ensayos con el fin de desarrollar nuevas terapias dirigidas.

La inmunoterapia estimula el sistema inmunitario a fin de combatir el cáncer. Aunque existen varios tipos de inmunoterapia, nos referimos principalmente a anticuerpos monoclonales, que funcionan liberando los frenos del sistema inmune a fin de que este pueda destruir las células cancerosas.

Las vías PD-1/PD-L1 y CTLA-4 son cruciales para la capacidad del sistema inmunitario de controlar el crecimiento del cáncer, y muchos tipos de tumores utilizan estas vías o puntos de control inmunitarios (immune-checkpoints) para evadirse de éste.

El sistema inmunitario responde al cáncer bloqueando estas vías con anticuerpos específicos denominados inhibidores de los puntos de control inmunitarios. Una vez que el sistema inmunitario es capaz de encontrar el cáncer y responder a este, puede detener o desacelerar el crecimiento del cáncer.

Los siguientes son ejemplos de inhibidores de los puntos de control inmunitario:

  • Ipilimumab
  • Nivolumab
  • Pembrolizumab
  • Atezolizumab
  • Avelumab
  • Durvalumab

La inmunoterapia se administra por vía intravenosa cada dos, tres o cuatro semanas, según el fármaco.

En el cáncer de pulmón de célula no pequeña, se utiliza como tratamiento de mantenimiento tras la respuesta a la quimio-radioterapia (estadios IIIA-C) en los estadios localmente avanzados (estadios IIIA-C) y en la enfermedad avanzada, en monoterapia o en combinación con quimioterapia. 

Están en marcha diferentes estudios clínicos con el fin de estudiar el papel de la inmunoterapia en otros escenarios, como son la adyuvancia (tratamiento tras la cirugía) o neoadyuvancia (previo a ésta), sola o en combinación con quimioterapia.

En el cáncer de pulmón de célula pequeña, los resultados de la inmunoterapia han sido pobres y no es práctica habitual.

Existe un marcador denominado PD-L1, que se analiza en el tejido tumoral obtenido con la biopsia o citología diagnóstica, cuya expresión parece predecir la respuesta a la inmunoterapia. Sin embargo, presenta varias limitaciones y otros marcadores están en estudio.

Debido a su mecanismo de acción, es importante recalcar que el tratamiento con dosis altas de corticosteroides podrían contrarrestar la eficacia de la inmunoterapia. Por ello, es importante comunicar y registrar toda la medicación que el paciente tome.

TOXICIDAD DE LOS TRATAMIENTOS

Los efectos secundarios de la quimioterapia aparecen debido a que los fármacos que se administran para eliminar las células cancerígenas tienen un efecto sobre las afectan las células sanas. 

Los efectos secundarios van a depender de los siguientes factores:

  • Las características farmacológicas del tratamiento empleado
  • La dosis administrada
  • La sensibilidad individual de cada paciente al mismo fármaco

La quimioterapia va a afectar principalmente a las células que se dividen rápidamente como son las células tumorales. Este es el principio en el que se fundamenta su beneficio. Sin embargo, también las células normales como las de la sangre, mucosas y las de los folículos pilosos se pueden ver afectadas.

En la mayoría de las ocasiones, la disminución de los síntomas que causa el tumor al paciente una vez que inicia el tratamiento (mejora de la fatiga, la tos, la sensación de falta de aire) conlleva una mejoría global que supera el empeoramiento por los efectos secundarios del tratamiento.

Todos los síntomas que vamos a desglosar a continuación no tienen por qué aparecer siempre y la mayor parte de las veces en que aparecen son tolerables.

Contenido del acordeón

La frecuencia e intensidad de este síntoma tan temido depende del tipo de fármaco que se emplee, la dosis administrada y de la susceptibilidad individual. En la última década se ha desarrollado un gran arsenal de fármacos antieméticos que han permitido disminuir o eliminar las náuseas y vómitos.

Pese al tratamiento antiemético, hay una serie de recomendaciones sencillas para tratar de reducir la aparición y su frecuencia:

  • Repartir la comida en pequeñas cantidades 5-6 veces al día.
  • Comer lentamente, masticando bien los alimentos.
  • Evitar olores desagradables y comida rica en grasas (fritos, salsas, quesos grasos, leche entera, etc.) que dificultan la digestión.
  • Beber líquidos fríos a pequeños sorbos a lo largo de todo el día.
  • Descansar después de cada comida, sentado, al menos una hora.
  • Evitar que la ropa apriete demasiado a la altura del estómago.

Algunos fármacos utilizados en el cáncer de pulmón, tanto en quimioterapia tradicional como en nuevas terapias dirigidas, pueden afectar a las células de las mucosas que recubren todo el aparato digestivo, con lo que su eficacia y función pueden verse alteradas. Es un efecto secundario muy serio, ya que implica que el paciente pierde la capacidad de absorber el agua y los distintos nutrientes, por descamación de la mucosa afecta, lo que da lugar a la diarrea. 

En algunas ocasiones, esta diarrea puede ser tan severa, por su duración o por el número de deposiciones, que puede llevar a deshidratación y alteración de la función de los riñones. En esos casos es preciso contactar con el médico de referencia o con un servicio de Urgencias para que se inicie el tratamiento más adecuado y seguir las siguientes instrucciones: 

  • En las primeras horas tras el inicio de la diarrea es mejor que no ingerir comida ni líquidos (dieta absoluta) para que el intestino descanse. 
  • Después de 2-3 horas, se pueden introducir lentamente líquidos, preferiblemente en pequeños sorbos cada 5-10 minutos a lo largo del día. 
  • Evitar tomar lácteos y derivados, pues son muy agresivos para la mucosa alterada. Preparar los alimentos cocidos o a la plancha. 
  • Eliminar bebidas irritantes como café o bebidas alcohólicas.

Durante el tratamiento con quimioterapia es frecuente la modificación del sabor de determinados alimentos por daño de las papilas gustativas de la lengua y el paladar. Suele percibirse una disminución en el sabor de determinadas comidas o un regusto metálico / amargo, sobre todo con alimentos como la carne y el pescado por su elevado contenido en proteínas.

Se recomienda:

  • Preparar comidas con aspecto y olor agradables. El uso de especias o condimentos suaves en su preparación suele ser de utilidad.
  • Realizar enjuagues antes de comer.
  • En el caso de que tenga sabor metálico, sustituya los cubiertos habituales por unos de plástico. 


La alteración más frecuente de la mucosa de la boca durante el tratamiento para el cáncer de pulmón es la mucositis. Consiste en una inflamación de esta mucosa que recubre toda la cavidad oral, frecuentemente acompañada de llagas o úlceras, más o menor dolorosas, que en ocasiones pueden sangrar.

Es fundamental mantener una buena higiene buco-dental para reducir el riesgo de complicaciones y:

  • Utilizar un cepillo con cerdas suaves para evitar lesionar las encías y una pasta de dientes suave.
  • Cepillarse los dientes después de cada comida.
  • No utilizar colutorios que contengan alcohol ya que irritan la mucosa.
  • Utilizar el hilo dental para limpiar la placa entre los dientes.
  • No fumar ni consumir alcohol o café.
  • Evitar el uso continuado de la dentadura postiza, que podría dañar más la mucosa.

El uso de anestésicos locales y tratamientos tópicos para evitar la infección por hongos, en forma de enjuagues, serán indicados por el médico o el personal de enfermería cualificado.

Es el efecto secundario más conocido que puede aparecer con alguno de los fármacos utilizados en el cáncer de pulmón. Lo más frecuente es que esta caída no sea completa y el cabello pueda caer parcialmente y hacerse más fino. 

Una vez finalizado el tratamiento el pelo vuelve a crecer en algunos meses, aunque su color y calidad pueden variar con respecto al inicio.

Los síntomas más frecuentes que el paciente puede notar son parestesias (sensación de hormigueo) en manos y pies, visión borrosa y disminución de la audición. En la mayoría de casos, son temporales y desaparecen una vez finalizado el tratamiento con quimioterapia. 

La médula ósea es una parte del interior de determinados huesos del cuerpo que produce todas las células que conforman la sangre: los glóbulos rojos o eritrocitos, los glóbulos blancos o leucocitos y las plaquetas. Estas células se dividen rápidamente, por lo que son muy sensibles al efecto de la quimioterapia.

Numerosos fármacos empleados en el tratamiento del cáncer de pulmón pueden provocar un descenso leve o moderado de alguna o de todas de las células de la sangre.

a) Descenso de los glóbulos rojos

La función principal de los glóbulos rojos es transportar el oxígeno desde los pulmones al resto de tejidos del organismo. La anemia es aquella situación en que, por falta de suficientes glóbulos rojos en la sangre, los distintos órganos no se oxigenan adecuadamente para funcionar correctamente. Los síntomas que manifiestan un estado anémico son:

  • Debilidad y cansancio.
  • Sensación de falta de aire con pequeños esfuerzos.
  • Mareos y palpitaciones (aumento de la frecuencia cardiaca).
  • Palidez de la piel y de las mucosas.

Actualmente se han desarrollado una gran cantidad de fármacos seguros (eritropoyetinas) para activar la formación de glóbulos rojos en la médula ósea. Asimismo, existen suplementos de hierro que pueden reponer los depósitos necesarios para la producción de eritrocitos y la transfusión de hemoderivados hoy en día es una práctica habitual y totalmente segura en nuestro sistema sanitario.

b) Descenso de los leucocitos

Los leucocitos son las células que defienden al organismo de los microorganismos que provocan enfermedades infecciosas más o menos graves. Su disminución produce una inmunodepresión que asocia un mayor riesgo de padecer una infección, generalmente más grave que en una persona con las defensas normales. El síntoma que aparece con mayor frecuencia ante una infección es la fiebre, que generalmente supera los 38ºC.

Si el descenso es importante, se suele retrasar el siguiente ciclo de quimioterapia durante unos días hasta que se alcancen valores normales de leucocitos y/o disminuir las dosis de los fármacos.

En la actualidad se han desarrollado una serie de fármacos (factores estimulantes de colonias) que pueden prevenir la disminución de los leucocitos y evitar retrasos en las administraciones.

Algunas de las recomendaciones a tener en cuenta son:

  • Si se aprecia una temperatura superior a 38ºC, acudir al hospital de forma inmediata.
  • Evitar el contacto con personas que pudieran tener algún tipo de infección (gripe, catarro, varicela, diarreas…).
  • Consultar con el médico o con la enfermería especializada la indicación de las vacunas del calendario de cada Comunidad Autónoma.
  • Evitar lesiones en la piel, ya que pueden ser un punto de entrada de bacterias.
  • Utilizar guantes al preparar la comida, ya que pueden proteger frente a quemaduras y cortes.
  • En caso de tener heridas en la piel, lavar con agua y jabón y añadir antiséptico.
  • Lavarse las manos frecuentemente y mantener una 
buena higiene bucal.
  • Evitar cortar las cutículas.

c) Descenso de las plaquetas

Las plaquetas son células que poseen un papel fundamental en la coagulación de la sangre. Se encargan de fabricar un tapón (coágulo) que evita la hemorragia en caso producirse una herida.

Con la quimioterapia el número total de plaquetas puede descender, aumentando el riesgo de hemorragia, incluso ante traumatismos menores. De hecho, es común observar hematomas que aparecen de forma espontánea, para lo que se recomienda:

  • Evitar golpes, traumatismos o cortes durante las actividades habituales.
  • Procurar evitar deportes de contacto o de riesgo.
  • Acudir al médico o enfermero de referencia si aparecen pequeños puntos rojos en la piel, hematomas sin traumatismo previo, sangre al orinar, sangrado de encías, etc.

El cansancio es un síntoma complejo que afecta en algún momento a la mayoría de los enfermos de cáncer de pulmón, con importante repercusión sobre su estado de ánimo y su calidad de vida.

La fatiga y el cansancio pueden dificultar el llevar a cabo pequeñas tareas cotidianas que antes no suponían ningún esfuerzo y es probable que se generen sentimientos de incapacidad que pueden mejorar con alguna de las recomendaciones siguientes:

  • No obsesionarse con la idea de tener que dedicar su tiempo sólo a cosas “útiles”.
  • No querer hacer muchas actividades a la vez: seleccionar lo que se va a hacer suele disminuir los sentimientos de culpabilidad y el nerviosismo.
  • Planificar actividades necesarias para su cuidado (de ocio, obligatorias, tiempos de descanso, etc).
  • Aprender a mantener un ritmo propio, modificando todo lo que sea necesario la forma de realizar las labores cotidianas.
  • Realizar descansos cortos entre actividades.
  • Buscar actividades agradables que no supongan mucho esfuerzo físico.

Es frecuente que los tratamientos oncológicos provoquen falta de apetito y pérdida de peso. La anorexia suele generar tanto en el paciente como en su familia un estado de angustia y malestar. 

Para mejorarlo se recomienda:

  • Liberalizar el horario de comidas: el enfermo debe comer cuando le apetezca, sin forzarle a ingerir alimentos si no tiene apetito, para evitar mayor ansiedad y angustia.
  • Servir la comida en platos pequeños con pequeñas cantidades, pero más frecuentemente.
  • La comida con textura triturada y con salsas facilitan la deglución.
  • Se evitarán los olores fuertes, ya que pueden aumentar la inapetencia del paciente por rechazo inmediato.
  • Es importante que el paciente coma con el resto de la familia si las condiciones físicas lo permiten.
  • Ofrecer al paciente no sólo agua como líquido, sino también leche, zumos, infusiones o refrescos.
  • Los suplementos nutricionales suponen un mayor aporte de proteínas y calorías, generalmente en forma de líquidos fáciles de ingerir. En principio, nunca deben sustituir a su alimentación habitual. Son suplementos que deben consumirse entre horas o al finalizar una comida principal, no antes, ya que son muy pesados y provocan sensación de plenitud.

Los médicos esperábamos que las terapias dirigidas contra el cáncer serían menos tóxicas que los fármacos tradicionales de quimioterapia, ya que las células cancerosas dependen más de estas dianas moleculares que las células normales. No obstante, las terapias dirigidas contra el cáncer pueden tener efectos secundarios importantes que actualmente, con la experiencia clínica acumulada, estamos descubriendo y aprendiendo a manejar.

Los efectos secundarios más comunes que se perciben con las terapias dirigidas son la diarrea y alteraciones de la función hepática (hepatitis más o menos severas), aunque también pueden observarse:

  • Alteraciones de la piel. Es muy frecuente que aparezca irritación en forma de acné, piel más seca de lo normal, cambios en el crecimiento de las uñas o decoloración del pelo. Para mejorar este efecto secundario se recomienda la utilización de geles de ducha o preparados de avena, cremas hidratantes (sin alcohol) varias veces al día en toda la superficie corporal y factor de protección solar cuando se prevea la exposición solar.
  • Alteraciones de la coagulación de la sangre.
  • Elevación de las cifras de tensión arterial.
  • Perforación gastrointestinal, efecto muy poco común.

Debido a su mecanismo de acción, la inmunoterapia se acompañan de un tipo de efecto adverso particular, muy diferente de los efectos adversos de la quimioterapia.

Estos efectos son de tipo inflamatorio (llamados efectos adversos inmuno-relacionados, y abreviados con las siglas irAEs – del inglés), derivados de la activación del sistema inmune que también ataca los tejidos sanos, por lo que  cualquier órgano o sistema puede verse involucrado.

Los irAEs más comunes son aquellos que afectan a la piel, tracto gastrointestinal y tiroides. No son infrecuentes y presentan una amplia variedad de síntomas:

  • Exantema cutáneo, picor es lo más frecuente. A veces pueden aparecer ampollas o incluso reacciones cutáneas tipo psoriasis o vitíligo.
  • Diarrea, a veces acompañada por moco o sangre y/o dolor abdominal (colitis).
  • Hipotiroidismo e hipertiroidismo. El paciente puede notar desde fatiga extrem, mareos… hasta palpitaciones, nerviosismo, etc. Otras alteraciones endocrinológicas pueden aparecer, aunque menos frecuentemente (alteración de la glándula suprarrenal e hipofisaria, diabetes mellitus…).
  • Neumonitis (inflamación del parénquima pulmonar): puede cursar con tos seca, fiebre, dolor al respirar, etc.
  • Artralgias y mialgias: dolor en las articulaciones y músculos. A veces afectando a una  articulación concreta, con edema asociado, y otras veces más generalizadas.

Es importante que el paciente indique si alguno de éstos síntomas ha aparecido tras el inicio del tratamiento con inmunoterapia. 

El manejo de los irAEs radica en el control sintomático, aunque a veces es necesaria la terapia con corticosteroides sistémicos y la suspensión temporal del tratamiento.

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